Todas las manifestaciones, cargas policiales, quejas y demás hechos relacionados que están teniendo por escenario la ciudad de Valencia están mostrándonos realidades evidentes que muchos se encargan de interpretarlas a su manera. D. Miguel Schlatter ha dado en el clavo en su artículo, que recomiendo que lea: muchos dicen que la conducta de los policías es impropia en un país democrático, y se quedan ahí. Se jactan con un exceso policial, pero: ¿Y por qué no hacen los manifestantes como todos los ciudadanos de un estado democrático y piden el permiso para hacer una manifestación dentro del marco de la legalidad? Los policías han hecho su deber, que es disolver una manifestación ilegal. Si los manifestantes no quieren que los policías les traten así, que sepan que es sencillo pedir permiso y montar –como hacemos los ciudadanos de un país democrático y civilizado- la manifestación sin ningún problema; pero claro, las leyes y normas se aplican cuando a los manifestantes les conviene, y cuando no les convienen se las pasan por el arco del triunfo. La verdad es que mi postura en este tema es rotunda: no comparto nada con los manifestantes; ni la causa ni los modos de defenderla. Se quejan de los recortes, y ponen a los del PP como unos sinvergüenzas que se han atrevido a disminuir sus oportunidades educativas. Pero no terminan de recapacitar sobre los motivos de los recortes; no quieren reconocer que si el PP ha cerrado el grifo del gasto es porque los del PSOE no han dejado dinero tras él, lo han derrochado en la construcción de un idílico estado del bienestar que superaba con creces nuestras posibilidades. Me corrijo: los del PP de algunas comunidades autónomas también han sido culpables de este derroche sin sentido ni medida, aunque a nivel nacional el culpable del déficit es el PSOE. Es duro, pero es la realidad. Algunos defienden que lo que tiene que hacer un estado si sufre una recesión como la nuestra es aumentar el gasto público: esto me parece sumamente ridículo, pues si uno de los mayores problemas del país es la deuda que soporta ¿vamos a seguir endeudándonos como si aumentar nuestra deuda fuera a salvarnos? Ante el déficit sólo hay tres opciones para el Gobierno: aumentar la carga fiscal (que son los ingresos del Estado y de las CC.AA.), disminuir el gasto público (gastos del Estado y de las CC.AA.) o pedir dinero, aumentando así la deuda que soporta el país, e incrementándola con el paso del tiempo. Las medidas del ejecutivo de Rajoy eran evidentes, pues tal y como les han dejado el puesto los socialistas no hay mucho maniobra que pensar.
En un artículo anterior expresé mi deseo de que D. Mariano Rajoy –entonces jefe de la oposición- llegase a la Presidencia y fuese ese Cirujano de Hierro del que Joaquín Costa habló en sus días: un dirigente capaz de tomar las decisiones pertinentes, por dolorosas que fueran, para así sacarnos de la enfermedad que padece nuestro país. Han comenzado los dolores, y, aunque los sufrimientos son impopulares, no olvidemos que estos dolores son indispensables para recuperar nuestra salud. El ejecutivo de Rajoy no tiene alternativas a los recortes si quiere mejorar nuestra situación. Estamos pagando, con perdón, las cagadas de los años pasados. Como ciudadanos tenemos dos opciones: rebelarnos o aceptar la culpa y aceptar que ahora debemos pagar por ella. Creo que la segunda es la única que lleva a buen puerto.
Miguel Fernández de Castro Ruz.

