La crisis tiene algo positivo. Sí, ha leído Vd. bien. ¿No ve que la crisis es el punto de inflexión entre ese modo de vida patológico de comodidad sin límites y de rechazo al esfuerzo, y lo que traigamos a continuación? Hemos tocado fondo. Esa sociedad narcotizada por el ocio y preocupada únicamente por los placeres y la vida fácil yace moribunda mientras espera su inevitable final. Me recuerda esto a la caída del Imperio Romano; a esa degradación moral en la que incurrieron y que, de algún modo, les llevó a su fin. Olvidaron el motivo de su esfuerzo, y lo tornaron por estar en confortables termas, por disfrutar de placenteros baños y por gozar de banquetes opulentos; pensando quizá que la razón de su esfuerzo era, a la postre, alcanzar una mayor comodidad de vida. Dejaron escapar así aquello que les hacía grandes. Nosotros –quince siglos después- hemos pecado de lo mismo.
Me ha dado una gran alegría escuchar una impresión cercana a ésta de boca de D. Mariano Rajoy en el debate de investidura: Quiero decir que no se trata ya de recuperar lo que se fue, ni de regresar al lugar que ocupábamos, porque ese lugar ya no existe, Señorías. La España que hemos dejado atrás no va a volver, y esta vieja Nación tendrá que rejuvenecer su actitud, recuperar flexibilidad y fortalecer sus estructuras para competir por un puesto de primera fila en un mundo nuevo. Rejuvenecer su actitud… Ya no caben –gracias a Dios- esas horas de ocio desproporcionadas. Se acabó. Ya no podremos vivir la vida con esa actitud parásita; pero esto no es motivo de lamentos, sino de alegría. No podemos permitirnos la nostalgia de una época decadente y baldía. Hemos olvidado los motivos dignos del esfuerzo; y cuando el esfuerzo es sólo visto como camino de comodidad, el progreso social y la construcción de una Nación a la altura de las circunstancias pasan a ser unas metas utópicas, imposibles de alcanzar. La crisis económica ha sido como –haciendo un símil- esa fiebre que te avisa de una peligrosa infección. ¿Hay que curar la fiebre? Por supuesto. Pero la fiebre no se curará hasta que no curemos la infección que la provoca. Nosotros igual: no evitaremos estas crisis económicas hasta que no purguemos la conducta torcida de la sociedad. Es menester un cambio de actitud.
Miguel Fernández de Castro Ruz.
