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Lo positivo de la crisis

In Economía, POLÍTICA, Sociedad on 23 diciembre, 2011 at 7:48

La crisis tiene algo positivo. Sí, ha leído Vd. bien. ¿No ve que la crisis es el punto de inflexión entre ese modo de vida patológico de comodidad sin límites y de rechazo al esfuerzo, y lo que traigamos a continuación? Hemos tocado fondo. Esa sociedad narcotizada por el ocio y preocupada únicamente por los placeres y la vida fácil yace moribunda mientras espera su inevitable final. Me recuerda esto a la caída del Imperio Romano; a esa degradación moral en la que incurrieron y que, de algún modo, les llevó a su fin. Olvidaron el motivo de su esfuerzo, y lo tornaron por estar en confortables termas, por disfrutar de placenteros baños y por gozar de banquetes opulentos; pensando quizá que la razón de su esfuerzo era, a la postre, alcanzar una mayor comodidad de vida. Dejaron escapar así aquello que les hacía grandes. Nosotros –quince siglos después- hemos pecado de lo mismo.
Me ha dado una gran alegría escuchar una impresión cercana a ésta de boca de D. Mariano Rajoy en el debate de investidura: Quiero decir que no se trata ya de recuperar lo que se fue, ni de regresar al lugar que ocupábamos, porque ese lugar ya no existe, Señorías. La España que hemos dejado atrás no va a volver, y esta vieja Nación tendrá que rejuvenecer su actitud, recuperar flexibilidad y fortalecer sus estructuras para competir por un puesto de primera fila en un mundo nuevo. Rejuvenecer su actitud… Ya no caben –gracias a Dios- esas horas de ocio desproporcionadas. Se acabó. Ya no podremos vivir la vida con esa actitud parásita; pero esto no es motivo de lamentos, sino de alegría. No podemos permitirnos la nostalgia de una época decadente y baldía. Hemos olvidado los motivos dignos del esfuerzo; y cuando el esfuerzo es sólo visto como camino de comodidad, el progreso social y la construcción de una Nación a la altura de las circunstancias pasan a ser unas metas utópicas, imposibles de alcanzar. La crisis económica ha sido como –haciendo un símil- esa fiebre que te avisa de una peligrosa infección. ¿Hay que curar la fiebre? Por supuesto. Pero la fiebre no se curará hasta que no curemos la infección que la provoca. Nosotros igual: no evitaremos estas crisis económicas hasta que no purguemos la conducta torcida de la sociedad. Es menester un cambio de actitud.

Miguel Fernández de Castro Ruz.

¿Valores?: bien, pero prefiero virtudes.

In Ética, Sociedad on 15 diciembre, 2011 at 18:54

Hoy en día se habla mucho de valores: «educación en valores» -por ejemplo- es un término que seguro que hemos oído en varias ocasiones; yo por lo menos lo tengo muy escuchado. Ciertamente las intenciones son muy buenas, pero son intenciones, nada más. Una persona con valores sabe lo que es bueno en esta vida; sabe qué es lo que debe hacer ante disyuntivas difíciles en las que acertar no es fácil, pero… ¿De qué le sirve a alguien todos esos valores si después no tiene las virtudes necesarias para convertir todas esas intenciones en praxis? Fue una idea muy coherente que cogí recientemente de un brillante conferenciante. ¡Virtudes! Personas virtuosas es lo que nuestra sociedad anhela; que las virtudes son hechos, y los valores –sin virtudes- son meras ideas, ideas sin duda valiosas y necesarias, pero que si no se ponen en práctica son sólo eso: ideas, y nada más. ¿Y qué de esas buenas intenciones…? Baldías; no servirán de nada.

Miguel Fernández de Castro Ruz

Patriotismo

In Nacionalismos, Políticamente incorrecto on 13 diciembre, 2011 at 15:41
Medida de la Virgen del Pilar

Medida de la Virgen del Pilar

Este artículo lo escribo gracias a un amigo, que tras una conversación con él me hizo ver que son muchos los que no logran distinguir entre nacionalismo y patriotismo, pese a que él no está incluido en este numeroso grupo. Creo que no exagero cuando digo que «son muchos» los que no distinguen, pues compruebo con cierta periodicidad cómo hay gente capaz de gritar «facha» al ver una simple medida del Pilar –la imagen del margen- atada a un asa de mi mochila. Así está el patio.
Como bien explica C.S. Lewis, en su libro Los cuatro amores, al amor a la patria, cuando se convierte en un dios se vuelve un demonio. Es muy cierto que cuando la patria es «idolatrada» ese «patriotismo» deja de serlo y pasa a ser un nacionalismo que llega a justificar unos males injustificables. Pero sólo cuando la patria es idolatrada, y es llevado al extremo el patriotismo. Como bien reza el proverbio latino: In medio virtus. La virtud está en el medio. Y el patriotismo no es el extremo, es el medio. El extremo es el nacionalismo.
El patriotismo tiene un elemento entendido como amor a las costumbres del lugar donde nacimos o vivimos. Es decir, ese cariño a las fiestas populares, a la gente, las tradiciones; a todo lo característico y peculiar del lugar. Este patriotismo no puede –se ve claro- ser malo ni agresivo; sólo será agresivo cuando tenga que proteger aquello que ama. Ese amor a la cultura propia no conlleva en absoluto a «discriminar» a las culturas distintas. Es decir: este amor no puede ser reprochado en nada, pues no tiene nada malo.
El segundo elemento sería esa actitud ante el pasado de nuestro país. Ese pasado que nos impone unas obligaciones y que nos da seguridad. Lewis habla ahí de las leyendas heroicas, de las hazañas de antaño; y asegura muy acertadamente: ¿Quién podrá condenar algo capaz de hacer que mucha gente, en muchos momentos importantes, se comporte mejor de lo que hubiera podido hacerlo sin esa ayuda? Advierte que hay que tomarse esas gestas como anécdotas; no como historia que justifica nuestro pasado. Esta faceta del patriotismo llega al extremo -nacionalismo- cuando se mira al resto de países con superioridad, con actitud altiva, pensando que las hazañas del pasado propio han sido mejores que las de los demás países. No es así; todo país tiene sus glorias.
Por último, es preciso recordar que no amamos nuestro país porque es importante, sino porque es nuestro. El amor no está sometido a éxitos ni resultados. Una madre quiere a su hijo independientemente de las calificaciones que obtenga en el colegio, sea más guapo o más feo, da igual. Nosotros; igual. Si yo me sintiera español por el éxito y la importancia de España, no veríais arriba la bandera de España como imagen del blog, es porque nací aquí.
Los que hablan de «fachas» son unos pobres ignorantes -«facha» es el despectivo de fascista, no sé qué tiene que ver el fascismo con la bandera española- que no quieren amar a su país, y no nos respetan a los que lo amamos. Renegar del país propio es algo que jamás entenderé, pues son tus raíces, tus orígenes. Un individuo no nace sólo; es hijo de alguien y ha nacido en un lugar concreto. Pero, incomprensiblemente, hay gente que reniega de ello. No se dan cuenta de que lo normal es amar el lugar en el que vives, y no odiarlo.

Miguel Fernández de Castro Ruz.

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