En este artículo voy a exponer detalles que me llaman la atención de las revueltas estas que llaman «primavera valenciana», y que al fin y al cabo ponen en evidencia la desinformación del manifestante medio, y la falta de respeto de algunos de ellos.
La primera realidad que me sorprende y que me da lástima es que muchos universitarios no han venido hoy a clase por miedo a que su coche pudiera ser rayado, o a que -como ya ocurrió en otras huelgas similares- unos piquetes se queden en la puerta del parking negándoles el acceso. ¿Dónde quedan los derechos de los que no pensamos como los manifestantes? Su lógica me fascina: no se contentan con hacer su huelga y dejar en paz a los que no queremos hacerla, sino que, por el contrario, algunos –espero que una minoría- tienen que venir a la Universidad a imponernos su huelga. Eso sí: cuando hablan dicen que los únicos que imponen son los del PP, que mandan a la policía cuando el pueblo discrepa.
Otra cosa que también me ha llamado la atención ha sido la contundencia con la que se ha culpado al PP por las cargas policiales. Primero: la actuación de la policía me parece correcta: una manifestación ilegal hay que disolverla, y si tras avisarles de la obligación que tienen de despejar la vía publica los manifestantes ilegales no sólo no obedecen sino que responden con insultos a los policías, creo que el uso de la fuerza es el único recurso que tienen en su mano. ¿Hubo excesos? Es posible, pero si hubo fueron casos aislados: los vídeos lo corroboran. Pero los manifestantes no se quedan en un «exceso policial», sino que van más allá, y responsabilizan al PP de ello. Esto no deja de hacerme gracia, pues veo que la gente no analiza los hechos para profundizar en el tema: sólo les motivan los primeros impulsos. Prueba de ello es que el Jefe Superior de Policía en Valencia, D. Antonio Moreno, el que se ha hecho famoso porque habló de «enemigos» al referirse a los manifestantes, está en ese cargo porque en 2008 lo puso ahí… ¿Adivina quién? D. Alfredo Pérez Rubalcaba, que entonces era el Ministro del Interior (antes de que abandonara el gobierno de Zapatero, como si él no tuviera nada que ver con ese PSOE que se hundía). Ante esto, me río –por no llorar- al ver que la gente pide responsabilidad al PP, como si Camps o Rita tuvieran poder de decisión, cuando el cargo responsable de la actuación que los manifestantes denuncian fue nombrado por D. Alfredo Pérez Rubalcaba. ¿Basta este dato para poner de relieve que no hay relación entre D. Antonio Moreno y el PP? Si verdaderamente, como dicen los manifestantes, quieren depurar responsabilidades políticas lo que deben hacer es ir a la calle Ferraz de Madrid, a la sede del PSOE. Esta es una de las cosas que ponen en evidencia la incoherencia en la que caen los manifestantes. Pero lo triste es que les da igual, lo que importa es tener un motivo –que sea verdadero es lo de menos- para culpar al PP.
Seguro que es por todos conocido el galimatías que se montó «en contra de los recortes» en el instituto Lluis Vives. Pues bien, en un principio se dijo que las quejas surgieron porque se había apagado la calefacción del instituto porque la Generalidad no pagaba. A mí me pareció sumamente triste, miserable y pordiosero que las quejas fueran porque no había calefacción, pero mi sorpresa llega –y con ella toda mi indignación- cuando algunos medios de comunicación desvelan que el Lluis Vives siempre tuvo calefacción, y que en sus cuentas tiene cerca de ochenta y dos mil euros. Pero entonces, ¿por qué se quejaban? ¿Tan fuertes son sus ganas de mostrar su disconformidad con el PP que se inventan excusas para quejarse contra el Partido Popular?
Mi pregunta es: ¿engañaban muchos de ellos, o en cambio estaban ellos engañados? ¿Sabría la mayoría de los manifestantes ilegales que la excusa era inventada, o en cambio fueron engañados por grupos políticos que engañaron para alcanzar sus fines? Ni lo sé ni creo que llegue a saberlo. Allá ellos con su conciencia. Pero antes de acabar me gustaría hacerles una pequeña sugerencia: que sus quejas sean, lógicamente, por motivos reales, pero además que sean quejas constructivas, y no sólo destructivas. Estoy harto –y creo no ser el único- de escuchar quejas contra las medidas del gobierno, pero apenas escucho soluciones alternativas. El déficit del Estado es insostenible: ¿Alguno de los que se queja puede dar una solución diferente –y que sea viable- para reducir el gasto público? Rectificar los errores cometidos hasta ahora duele, como duele curar una herida, pero no tenemos otra salida.
Miguel Fernández de Castro Ruz.


