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Archivos de la categoría ‘Ética’

La expropiación de YPF: un delirio de Argentina

In Ética, Economía, Sociedad on 17 abril, 2012 at 18:53
YPF es de Repsol

YPF es de Repsol

Un robo. La expropiación de YPF por parte del gobierno argentino es un robo, no tiene otro nombre. La Sra. Kirchner ha demostrado no tener ningún tipo de moral que respetar, ni decencia que demostrar, ni honra que mantener. Ha demostrado no ser una persona de confianza, y creo que eso le traerá muchísimos más perjuicios a su país que los beneficios que le vaya a aportar la filial robada a Repsol. La Sra. Kirchner le ha dicho al mundo entero que los argentinos no son de fiar, ha demostrado que su gobierno no respeta los pactos. Es una traición, una traición que, como todas, da pena. España es el máximo inversor en Argentina, pero pese a esto, la Sra. Kirchner ha demostrado tener menos luces que un barco de contrabando y se ha lanzado a expropiar. ¡Eso es Sra. Kirchner, fomentando la inversión en su país! No sé lo que le habrá llevado a tan magna estupidez… quizá le entró envidia al ver a su vecino Chávez, capaz de pasear por Venezuela mientras señalaba con su dedo amenazante algún establecimiento, acompañado del grito «¡Exprópiese!». No sé lo que se le puede pasar por la cabeza a esta señora para asestar tal puñalada por la espalda a quien es su máximo benefactor. Espero que rectifique… es lo mejor también para Argentina.

 Miguel Fernández de Castro Ruz.

El hombre al servicio de la economía

In Ética, Economía on 12 abril, 2012 at 16:54

            El capitalismo más obcecado sostiene que el fin último de cualquier actividad es obtener el mayor rendimiento económico de ésta, indiferentemente de lo que haya que sacrificar en aras de este objetivo. Este es el planteamiento que se asoma, al fin y al cabo, tras la crisis económica. Cansa ya ver que se estudia la crisis analizando variables económicas –sin duda importantes-, pero ¿qué pasa con el hombre? ¿Acaso el bien del hombre no es lo primero en todo esto?, ¿Acaso la economía no carece de su sentido si no fomenta el progreso humano? El progreso humano comienza por algo tan básico como es respetar la dignidad de la persona, no empieza por tener mejores infraestructuras ni mejores conocimientos técnicos. Es muchísimo más importante respetar nuestra propia naturaleza y vivir acorde a la ley natural a tener varios millones en la cuenta corriente, un Porsche Carrera y el mejor cónyuge que se pueda desear.

En el momento en el que se deja de tener el bien de la persona por encima del dinero, se vuelve todo en contra del progreso humano; la economía deja de estar al servicio del hombre para esclavizarle, creyendo éste, ingenuamente, que su vida carece de sentido sin esa triste esclavitud. Se ha perdido algo tan básico como es la supremacía del hombre sobre el resto del cosmos. Ya lo dijo Protágoras en su famosa y malinterpretada frase: «El hombre es la medida de todas las cosas». No le falta razón. Protágoras no quería con esta frase quitar a Dios del centro y poner al hombre; él sólo quería expresar que el centro del cosmos es el hombre. Ahora el centro del mundo es el dinero, se le idolatra, poniéndolo por encima de muchísimas cosas que valen infinitas veces más que éste. La economía debería de estar al servicio del hombre, y no el hombre al servicio de la economía.

 Miguel Fernández de Castro Ruz.

La lealtad y el compromiso

In Ética, Políticamente incorrecto, Sociedad on 24 enero, 2012 at 18:57

Elegir es rechazar; escoger algo, prescindir del resto de opciones. Es una realidad básica incuestionable. Cuando escogemos una opción ante cualquier disyuntiva que nos presenta la vida, rechazamos las alternativas. Siempre es así. Y cuando «coqueteamos» con alguna alternativa estamos rechazando la elección inicial. Básico, ¿verdad? Pues curiosamente la experiencia nos demuestra que en muchas ocasiones nuestra conducta es ajena a esta realidad. Misterios de la condición humana…
A veces «jugamos» a ser dioses y vivimos como si pudiéramos hacerlo todo, sin reparar en nuestras insalvables limitaciones físicas y en nuestros deberes morales. Deberes morales –perdonadme el inciso- que velan por la felicidad del individuo, y deberes que no son fruto del consenso social: Misterio que ha llevado a muchos a creer en Dios. Cuando hacemos todo como si fuésemos dioses la caída es insalvable –e inminente-, y el bofetón al estrellarse ante el muro –que se creía inexistente, o a lo sumo esquivable- de nuestras limitaciones produce el amargo sabor del que se creía una persona capaz de todo y ha destapado el velo que escondía su miseria y poquedad. Es esto lo que ocurre cuando nos creemos dioses.
Cuando nos sabemos humanos la cosa cambia radicalmente. Sabes que si quieres perpetuar en el tiempo una decisión –quizá por toda tu vida- debes ser cauteloso y prudente con las alternativas. En el momento en el que miras una alternativa, estás dejando de contemplar esa elección que tiempo atrás descubriste como un bien mayor (o el Bien Mayor). Para ello, nos podemos ver obligados a renunciar a ciertos bienes, porque son incompatibles con ese bien mayor que queremos conservar. Sí señores, a veces hay que renunciar a bienes. Una conducta así parece incomprensible para algunos, pues la ven propia de escrupulosos puritanos que parecen de otro siglo, y más en una sociedad en la que te intentan hacer creer que eres un dios, y que tu «divina» voluntad queda coartada sólo cuando ésta choca con la del resto de pequeños dioses que te rodean; pero no es así. Siempre debes renunciar a cosas para no dejar escapar aquello que amas. Y es entonces, al hacerlo por aquello que amas, cuando esas renuncias dejan de ser renuncias, y pasan a ser afirmaciones, porque las haces porque quieres continuar amando ese bien. Aquel que prescinda de esta realidad, que recuerde que el bofetón es inminente; y, aunque pocos, hay bofetones de los que es sumamente difícil levantarse…
Como se ha visto, hablo en el fondo de la virtud de la lealtad, del mantenimiento de los compromisos. Como en toda virtud, es arduo el camino hasta aplicarla a la conducta propia, pero muy gratificante vivirla, y en este caso, indispensable para vivir en sociedad. No es pequeño ni superficial el problema que nuestra sociedad padece con los divorcios, y, en el fondo, con todo lo que exija compromiso, por mínimo que sea. Es como si muchos se casasen bajo la cláusula “hasta que el sentimiento nos acompañe”. Y así, lo que dura el sentimiento, es lo que dura la unión física… pero el matrimonio – ¡que no se olvide!- es para toda la vida. Esto ocurre con el matrimonio o con cualquier otro compromiso del rango que sea; esa cláusula se ha introducido como un virus en el modo de ver los compromisos del ciudadano medio: “hasta que el sentimiento me acompañe…” Y es así como la sociedad llega al punto en el que estamos, que se deshace poco a poco desde su unión más fundamental, que es la familia.

Miguel Fernández de Castro Ruz.

¿Valores?: bien, pero prefiero virtudes.

In Ética, Sociedad on 15 diciembre, 2011 at 18:54

Hoy en día se habla mucho de valores: «educación en valores» -por ejemplo- es un término que seguro que hemos oído en varias ocasiones; yo por lo menos lo tengo muy escuchado. Ciertamente las intenciones son muy buenas, pero son intenciones, nada más. Una persona con valores sabe lo que es bueno en esta vida; sabe qué es lo que debe hacer ante disyuntivas difíciles en las que acertar no es fácil, pero… ¿De qué le sirve a alguien todos esos valores si después no tiene las virtudes necesarias para convertir todas esas intenciones en praxis? Fue una idea muy coherente que cogí recientemente de un brillante conferenciante. ¡Virtudes! Personas virtuosas es lo que nuestra sociedad anhela; que las virtudes son hechos, y los valores –sin virtudes- son meras ideas, ideas sin duda valiosas y necesarias, pero que si no se ponen en práctica son sólo eso: ideas, y nada más. ¿Y qué de esas buenas intenciones…? Baldías; no servirán de nada.

Miguel Fernández de Castro Ruz

De una «economía ética» a una «ética económica»

In Ética, Economía on 27 septiembre, 2011 at 9:26

Uno de los aspectos de la historia que más me han llamado la atención y han suscitado en mí un gran interés por su estudio, ha sido la importancia de los valores éticos para el buen funcionamiento de cualquier estructura humana, y por ello escribo esto. Leer el resto de esta entrada »

El caso Strauss-Khan

In Ética, Sociedad on 18 junio, 2011 at 9:09
Strauus-Khan ya era preso antes del juicio, y es que la libertad no sólo te la quita la condena en prisión.

Strauss-Khan ya era preso antes del juicio, y es que la libertad no sólo te la quita la condena en prisión.

No sé por qué la gente se sorprende cuando salen en la prensa casos como el de Strauss-Khan. A mí lo que me sorprende es que no ocurra más veces. Con lo erotizada que está nuestra sociedad en la que el sexo es ya hasta una estrategia de marketing, ¿Nos sorprendemos de que pasen esas cosas? La publicidad de la calle, la televisión, gran parte de la moda, etc. llevan a vivir la sexualidad como una diversión más, sin ninguna responsabilidad. Ya ni hablemos de la educación, en la que el término «responsabilidad» va asociado al uso de anticonceptivos. Todo, en el ambiente y en la sociedad, te anima a vivir una sexualidad sin límites, desenfrenada, libre de responsabilidades. Se vende como un producto más y como camino de placer, sin explicar la trascendencia que tiene. Lo que me sorprende es que no haya más gente que le ocurra lo de Strauss-Khan; toda la enseñanza entorno a la sexualidad no hace otra cosa que crear pequeños viciosos, personas sin voluntad sometidas a la veleta de sus pasiones, que les dominan y le hacen ser personas flojas, que no saben contralar ni siquiera sus propios apetitos. Mientras no se enseñe de veras la trascendencia del sexo veremos casos de estos. Éste caso ha sido conocido por ser el protagonista el jefe del FMI, pero ¿qué de tantos adolescentes a los que sólo se les ha explicado en su colegio el uso de anticonceptivos?, ¿Qué pasa con ellos?
Lo peor es que muchos de ellos viven engañados, como si estuvieran dotados de una libertad sin límites, cuando en realidad no son dueños ni siquiera de sus propias acciones, porque son súbditos leales a sus más bajos apetitos.

Miguel Fernández de Castro Ruz,
Valencia.

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