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Archivos de la categoría ‘Nacionalismos’

El nacionalismo, siempre insatisfecho

In Cartas al Director, Nacionalismos, Sociedad on 28 abril, 2012 at 16:29

Carta al Director del ABC (27 de abril de 2012)

Me hace mucha gracia ver que todo nacionalismo insatisfecho suele tender a un victimismo y a una susceptibilidad casi patológicas. Ahora el Sr. Urkullu ha puesto a caldo al Ejército español por realizar maniobras en Elgeta las vísperas del 75 aniversario de su ocupación por el bando franquista. Parece que la misión de algunos políticos nacionalistas consiste en tratar de separar, tratar de remover los odios de su pueblo para disgregar y provocar confrontación. En muchas ocasiones hacen lecturas rebuscadas y maliciosas de los hechos más corrientes e irrelevantes, como si todo el que no piensa como ellos estuviera buscando herirle con todo lo que dice o hace. Pero que el Sr. Urkullu haya dicho «Queremos dejar atrás la violencia y el terror y también una mentalidad belicista y provocadora como la que estos días tan señalados ha mostrado el Ejército español en nuestra tierra» en parte me tranquiliza, pues quiere decir que este señor no tiene nada mejor que decir a quienes piensan como él. Demagogia barata y sucia. Sr. Urkullu: No debería estar dispuesto a pagar cualquier precio por alcanzar sus objetivos políticos.

Miguel Fernández de Castro Ruz.

Patriotismo

In Nacionalismos, Políticamente incorrecto on 13 diciembre, 2011 at 15:41
Medida de la Virgen del Pilar

Medida de la Virgen del Pilar

Este artículo lo escribo gracias a un amigo, que tras una conversación con él me hizo ver que son muchos los que no logran distinguir entre nacionalismo y patriotismo, pese a que él no está incluido en este numeroso grupo. Creo que no exagero cuando digo que «son muchos» los que no distinguen, pues compruebo con cierta periodicidad cómo hay gente capaz de gritar «facha» al ver una simple medida del Pilar –la imagen del margen- atada a un asa de mi mochila. Así está el patio.
Como bien explica C.S. Lewis, en su libro Los cuatro amores, al amor a la patria, cuando se convierte en un dios se vuelve un demonio. Es muy cierto que cuando la patria es «idolatrada» ese «patriotismo» deja de serlo y pasa a ser un nacionalismo que llega a justificar unos males injustificables. Pero sólo cuando la patria es idolatrada, y es llevado al extremo el patriotismo. Como bien reza el proverbio latino: In medio virtus. La virtud está en el medio. Y el patriotismo no es el extremo, es el medio. El extremo es el nacionalismo.
El patriotismo tiene un elemento entendido como amor a las costumbres del lugar donde nacimos o vivimos. Es decir, ese cariño a las fiestas populares, a la gente, las tradiciones; a todo lo característico y peculiar del lugar. Este patriotismo no puede –se ve claro- ser malo ni agresivo; sólo será agresivo cuando tenga que proteger aquello que ama. Ese amor a la cultura propia no conlleva en absoluto a «discriminar» a las culturas distintas. Es decir: este amor no puede ser reprochado en nada, pues no tiene nada malo.
El segundo elemento sería esa actitud ante el pasado de nuestro país. Ese pasado que nos impone unas obligaciones y que nos da seguridad. Lewis habla ahí de las leyendas heroicas, de las hazañas de antaño; y asegura muy acertadamente: ¿Quién podrá condenar algo capaz de hacer que mucha gente, en muchos momentos importantes, se comporte mejor de lo que hubiera podido hacerlo sin esa ayuda? Advierte que hay que tomarse esas gestas como anécdotas; no como historia que justifica nuestro pasado. Esta faceta del patriotismo llega al extremo -nacionalismo- cuando se mira al resto de países con superioridad, con actitud altiva, pensando que las hazañas del pasado propio han sido mejores que las de los demás países. No es así; todo país tiene sus glorias.
Por último, es preciso recordar que no amamos nuestro país porque es importante, sino porque es nuestro. El amor no está sometido a éxitos ni resultados. Una madre quiere a su hijo independientemente de las calificaciones que obtenga en el colegio, sea más guapo o más feo, da igual. Nosotros; igual. Si yo me sintiera español por el éxito y la importancia de España, no veríais arriba la bandera de España como imagen del blog, es porque nací aquí.
Los que hablan de «fachas» son unos pobres ignorantes -«facha» es el despectivo de fascista, no sé qué tiene que ver el fascismo con la bandera española- que no quieren amar a su país, y no nos respetan a los que lo amamos. Renegar del país propio es algo que jamás entenderé, pues son tus raíces, tus orígenes. Un individuo no nace sólo; es hijo de alguien y ha nacido en un lugar concreto. Pero, incomprensiblemente, hay gente que reniega de ello. No se dan cuenta de que lo normal es amar el lugar en el que vives, y no odiarlo.

Miguel Fernández de Castro Ruz.

Los verdaderos culpables del nacionalismo catalán

In Nacionalismos, POLÍTICA on 11 septiembre, 2011 at 18:36
Cataluña es España

Cataluña es España

Los nacionalismos me preocupan mucho, y por ello he dedicado mucho tiempo a cavilar sobre esta realidad política –que no creo que sea cultural-, a la que considero como un problema. Pero es un problema difícil de abordar, o al menos eso me parece a mí. Observando las distintas opiniones al respecto he observado que, entre los que defendemos que Cataluña no debe independizarse, hay un gran número de nosotros que, por lo general, le tienen fobia al ciudadano catalán por ser catalán. Es como -entiéndase- un odio natural, que se “justifica” con su independentismo injustificado. Al final, lo que ha pasado es que de tanta bromita molesta a los catalanes, ellos mismos se han reafirmado en la convicción de que son distintos al resto, o si se quiere ver así, de que no deben seguir formando parte de la unidad de España, ya que el resto de este país no le quiere, o al menos eso demuestra con sus gestos. He de reconocer que visto así, sin más, es lógico que se quieran ir.
Este es el motivo por el que pienso que muchos de los que no queremos la independencia de Cataluña hemos tenido que ver en que algunos catalanes deseen separarse de España. ¿Cómo queremos que no se separen de España si nosotros hacemos que se sientan rechazados? Yo he de reconocer que estoy haciendo un esfuerzo –me atrevería a tildarlo de heroico- por entender mejor a los catalanes, por entender esa cultura; cultura que no es distinta a la de España, sino que forma parte de la riqueza de ésta. Por eso me parece que el catalán –el idioma- no debe ser algo expulsado de España, sino que es una muestra más de la riqueza de nuestra tierra, y de la variedad de la que es dueña.
Pero lo que he expresado antes no quiere decir en absoluto que crea que está justificado el deseo de la independencia de Cataluña. Eso mismo que con Cataluña presentan como rasgos culturales «distintos y ajenos a los de España» podría decirse de cualquier otra comunidad autónoma comparándola con otra. Es tan ridículo como defender que en Andalucía podríamos independizarnos porque tenemos el defecto –defecto que me encanta- de comernos letras y de usar algunas palabras en contextos que no son los correctos, además de otras muchas peculiaridades que nos diferencian mucho de otras partes de nuestra geografía española. Pero estas peculiaridades culturales de cada comunidad autónoma no las separan por completo del resto de comunidades, sino que sólo las distingue de ellas, haciendo así de nuestra España una unidad rica por su variedad. Se podría decir así, que una de las cosas que nos une es precisamente ese conjunto de peculiaridades que nos distinguen de las demás comunidades. Así es como mientras unos se empeñan en hablar de lo que nos separa, otros tratamos de hacer ver que esas mismas cosas son las que nos unen. El problema recae en que este defecto de ver como algo que nos separa lo que en realidad nos une no lo tienen sólo los independentistas, sino también muchos de los que lo criticamos, convirtiendo la defensa de la unidad de nuestra patria en un «anti-independentismo» ignorante de sus motivos. Pido perdón a los independentistas, pues me siento culpable de ese deseo separatista que defienden, y que espero que sean capaz de superar cuanto antes.

Miguel Fernández de Castro Ruz.

Artur Mas y el catalán

In Nacionalismos, POLÍTICA, Sociedad on 7 septiembre, 2011 at 18:54
Bandera de Cataluña

Bandera de Cataluña

Las intenciones de Artur Mas siempre han despertado en mí una incertidumbre y una sospecha que ha resultado con el paso del tiempo estar justificada, o al menos eso creo. El galimatías que están montando ahora con el catalán no tiene ni pies ni cabeza. No tiene sentido que una persona se vaya a vivir a la Comunidad Autónoma de Cataluña y no pueda recibir la enseñanza a la que tiene derecho en su idioma oficial. ¿Qué pasa si yo, que soy de Sevilla, fuera a vivir a Lérida? ¿Es que pretenden obligarme a aprender catalán para poder estudiar allí? En su empeño por fomentar el catalán –empeño que me parece estupendo, y prometo que no es irónico en absoluto- han cometido el error de pensar que el uso del castellano en la docencia es incompatible con ese empeño por fomentar el uso del catalán. Realmente estos políticos no quieren garantizar ese derecho que tienen los habitantes de la Comunidad Autónoma de Cataluña de poder recibir la docencia en catalán, sino que quieren imponerlo –y así lo están haciendo- negando a todos los ciudadanos españoles -catalanes y no catalanes- el derecho que tienen de poder recibir, si lo desean, la enseñanza en el idioma oficial del Estado. Esto que están haciendo estos políticos es un atropello de un derecho de todos los españoles, derecho que queda recogido en el artículo tres de nuestra Constitución. Pero el señor Mas ya se ha encargado de maquillar el asunto convenientemente para quedar ante la opinión pública como el defensor de unos derechos que nadie ha defendido nunca. Pero alguien debería decirle al señor Mas que una cosa es garantizar un derecho y otra cosa bien distinta –de hecho es opuesta- es impedir el desarrollo de un derecho recogido en el artículo tres de nuestra Constitución (Constitución que también tiene vigencia en Cataluña, por ser parte de España): «El castellano es la lengua española oficial del Estado. Todos los españoles tienen el deber de conocerla y el derecho a usarla».

Miguel Fernández de Castro Ruz.

La prohibición de los toros en Cataluña; un atropello a la cultura.

In Cultura, Nacionalismos, Sociedad on 7 julio, 2011 at 10:43
Manzanares

Manzanares

Si alguien pretende que me crea que la prohibición de las corridas de toros en Cataluña es fruto de una defensa desinteresada de los «derechos de las animales» -expresión que me pone los bellos como escarpias- la llevan clara; porque eso no se lo cree nadie. Todo el mundo sabe que es fruto de esa política nacionalista empeñada en echar de Cataluña todo lo que recuerde a España –a su origen-, aunque siempre hay gente políticamente correcta que quiere pensar bien. Cualquier persona con dos dedos de frente se daría cuenta de las verdaderas razones de esta prohibición que va en contra de la cultura, de unas tradiciones populares admiradas en todo el mundo y reconocidas como verdaderos acontecimientos culturales. No son antitaurinos, son antiespañoles.
Ellos sabrán lo que hacen. Para romper con todo lo que les recuerde su pertenencia a España –hecho que no cambiará nunca por mucho que lo nieguen- han prescindido de un evento cultural, y estoy seguro de que prescindir de la cultura siempre tiene consecuencias negativas. A mí como español me duele, y me duele porque se ve de lejos las intenciones de esos políticos obsesionados con la separación y la disgregación de España. Muy enfermizos deben ser estos egoísmos nacionalistas como para expulsar la cultura para conseguir sus fines.

Miguel Fernández de Castro Ruz.

Separación de poderes

In Nacionalismos, POLÍTICA on 14 junio, 2011 at 18:59
Justicia

Justicia

Tres de los actuales miembros del Tribunal Constitucional han presentado su renuncia ante la sorpresa de todos los españoles. La renuncia no ha sido admitida. Las recientes vicisitudes y noticias que han tenido por protagonista a dicho tribunal nos hacen ver que hay cosas que no cuadran, y es muy inquietante que no cuadren en el terreno de la justicia.
En este país hablamos de separación de poderes, pero los miembros de este tribunal son escogidos por el congreso, a dedo. Esto no tendría ningún problema si no fuese porque los miembros del congreso son humanos y tienden a ser poco objetivos, y ponen a gente “de su palo”. Esto podría no ser así, pero el caso es que esto se cumple hasta tal punto de que hasta en la prensa se habla de magistrados “conservadores” o “progresistas”. ¿No es lamentable? Si seguimos por esta vía podemos concluir que dependerá del juez que te toque un veredicto u otro; ¿me equivoco?
Estos magistrados pseudo-politizados son los que perimitieron entrar a ETA en las urnas, disfrazada con una careta de los veinte duros, a la que llamamos Bildu. No sé hasta qué punto debe estar legitimizado este tribunal para tomar decisiones así, pues es evidente que, si las elecciones de años pasados hubieran ido de otro modo, el tribunal no hubiera respondido de esta manera. ¿Acaso debe cambiar la justicia con los partidos políticos?

Miguel Fernández de Castro Ruz,
Valencia.

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